Izquierda Internacionalista-La solidaridad entre pueblos, una historia de la puta mili.


Legitimidad: Concepto con el que se enjuicia la capacidad de un poder para obtener obediencia sin necesidad de recurrir a la coacción que supone la amenaza de la fuerza. Un estado es legítimo cuando existe un consenso entre los miembros de la comunidad política para aceptar la autoridad vigente. (Conceptos fundamentales de Ciencia política. Ignacio Molina. Alianza editorial.)


Y miren por donde parece que el consenso entre los poderes del estado y sus herramientas de participación (PPSOE+IU) han llegado a una fantástica conclusión: Dime con quién andas y te diré quien eres.

Por lo tanto. Tiene toda la legitimidad el gobierno del estado para declarar ilegales a miles de trabajadores que se acercan a nuestras costas en busca de libertad, trabajo y pan. Es legítima la decisión del “ente” público de TVE para tratar de ocultar la sonora protesta de miles de ciudadanos ante la atenta presencia del ciudadano Borbón durante un partido de fútbol. Es legítimo el gobierno del estado para declarar ilegales las ideas que contravengan los intereses de sus reales representados (banca, patronal, transnacionales, estado Vaticano...)

Pero llega a ser absurdamente paradógica la situación a la que yo me enfrento. Por la legitimidad de que es depositaria el gobierno del estado, hace más de 25 años me pusieron de forma legìtima y por servir a la patria en situación de ilegalidad.
El 1 de febrero de 1983 cruce el arco de la entrada del campamento militar de Hoya Fría, horas después, con el pelo rapado al uno y un petate color caqui medio descolorido me asignaron un lugar en una de las camaretas de la IV compañía. Me tocó compartir la camareta con Kepa, José María, Pierre, Santiago y Antonio. Kepa era (supongo que lo sigue siendo) de Donosti, callado y amedrentado por su situación de independentista y con un hermano preso en alguna cárcel de la meseta. Jose Maria,navarro y también independentista. Pierre un tipo con 28 años hijo de un exiliado comunista en Bélgica durante el franquismo. Pierre apenas balbuceba algunas palabras en castellano pues su padre catalán y su madre belga no le habían enseñado a hablar más que en sus lenguas maternas, fue obligado a incorporarse al ejército español para poder disfrutar de la nacionalidad después de haber servido en el ejército belga. Santiago natural de Ourense y profesor de Galego en una academia privada. Y Antonio un universitario de Albacete que había agotado todas las prorrogas y con 29 año seguía en primero de Periodismo. Fue Antonio a quien primero oí hablar de los comuneros y de los sentimientos nacionales de los castellanos. Para mí, un canario alzado no dejaban de ser cinco godos aunque pronto aprendimos a convivir con nuestras diferencias y con lo que nos unía; la firme voluntad de luchar por los derechos de la clase trabajadora y por la soberanía de nuestros pueblos.

Han pasado los años y los legítimos intereses de los aparatos del estado nos han vuelto a unir. Sin saberlo nuestra relación de apenas 45 días nos había contaminado y en los albores del siglo XXI ninguno de los seis somos legales, no podemos acceder a ser ni elegidos ni electores. Nuestra única relación con la barbarie fueron las prácticas de tiro en un llano de la montaña de Taco, con unos desvencijados cetmes, que cuidadosamente nos enseñaron a montar y desmontar y unas granadas huecas lanzadas contra las tuneras indias de la ladera.

O se está con los votos o con las bombas. Dice el Ministro de Gobernación, perdón quise decir Interior. Los seis siempre estuvimos y estamos con los votos quienes nos pusieron el la tesitura del manejo de las bombas fueron quienes se auto proclaman defensores de la neo dictadura borbónica.
Hoy 17 de mayo de 2009 sigo viendo cada mañana a mi pueblo dominado por los legítimos poderes coloniales, motivo que me había hecho considerar mi abstención en las elecciones europeas de junio, pero el hecho de saberme contaminado me empuja a emitir mi voto, mi voto será nulo pues una candidatura ha sido ilegalizada por contaminación sobrevenida y a mí a solidario no me ganan los legítimos vestidos de camisa azul, correajes y rosas en el puño de la mano.

VISTO Y ....


Disculpen la molestia

Eduardo Galeano
Página 12


Quiero compartir algunas preguntas, moscas que me zumban en la cabeza.

¿Es justa la justicia? ¿Está parada sobre sus pies la justicia del mundo al revés?

El zapatista de Irak, el que arrojó los zapatazos contra Bush, fue condenado a tres años de cárcel. ¿No merecía, más bien, una condecoración?

¿Quién es el terrorista? ¿El zapatista o el zapateado? ¿No es culpable de terrorismo el serial killer que mintiendo inventó la guerra de Irak, asesinó a un gentío y legalizó la tortura y mandó aplicarla?

¿Son culpables los pobladores de Atenco, en México, o los indígenas mapuches de Chile, o los kekchíes de Guatemala, o los campesinos sin tierra de Brasil, acusados todos de terrorismo por defender su derecho a la tierra? Si sagrada es la tierra, aunque la ley no lo diga, ¿no son sagrados, también, quienes la defienden?

Según la revista Foreign Policy, Somalia es el lugar más peligroso de todos. Pero, ¿quiénes son los piratas? ¿Los muertos de hambre que asaltan barcos o los especuladores de Wall Street, que llevan años asaltando el mundo y ahora reciben multimillonarias recompensas por sus afanes?

¿Por qué el mundo premia a quienes lo desvalijan?

¿Por qué la justicia es ciega de un solo ojo? Wal Mart, la empresa más poderosa de todas, prohíbe los sindicatos. McDonald’s, también. ¿Por qué estas empresas violan, con delincuente impunidad, la ley internacional? ¿Será porque en el mundo de nuestro tiempo el trabajo vale menos que la basura y menos todavía valen los derechos de los trabajadores?

¿Quiénes son los justos y quiénes los injustos? Si la justicia internacional de veras existe, ¿por qué nunca juzga a los poderosos? No van presos los autores de las más feroces carnicerías. ¿Será porque son ellos quienes tienen las llaves de las cárceles?

¿Por qué son intocables las cinco potencias que tienen derecho de veto en las Naciones Unidas? ¿Ese derecho tiene origen divino? ¿Velan por la paz los que hacen el negocio de la guerra? ¿Es justo que la paz mundial esté a cargo de las cinco potencias que son las principales productoras de armas? Sin despreciar a los narcotraficantes, ¿no es éste también un caso de “crimen organizado”?

Pero no demandan castigo contra los amos del mundo los clamores de quienes exigen, en todas partes, la pena de muerte. Faltaba más. Los clamores claman contra los asesinos que usan navajas, no contra los que usan misiles.

Y uno se pregunta: ya que esos justicieros están tan locos de ganas de matar, ¿por qué no exigen la pena de muerte contra la injusticia social? ¿Es justo un mundo que cada minuto destina tres millones de dólares a los gastos militares, mientras cada minuto mueren quince niños por hambre o enfermedad curable? ¿Contra quién se arma, hasta los dientes, la llamada comunidad internacional? ¿Contra la pobreza o contra los pobres?

¿Por qué los fervorosos de la pena capital no exigen la pena de muerte contra los valores de la sociedad de consumo, que cotidianamente atentan contra la seguridad pública? ¿O acaso no invita al crimen el bombardeo de la publicidad que aturde a millones y millones de jóvenes desempleados, o mal pagados, repitiéndoles noche y día que ser es tener, tener un automóvil, tener zapatos de marca, tener, tener, y quien no tiene, no es?

¿Y por qué no se implanta la pena de muerte contra la muerte? El mundo está organizado al servicio de la muerte. ¿O no fabrica muerte la industria militar, que devora la mayor parte de nuestros recursos y buena parte de nuestras energías? Los amos del mundo sólo condenan la violencia cuando la ejercen otros. Y este monopolio de la violencia se traduce en un hecho inexplicable para los extraterrestres, y también insoportable para los terrestres que todavía queremos, contra toda evidencia, sobrevivir: los humanos somos los únicos animales especializados en el exterminio mutuo, y hemos desarrollado una tecnología de la destrucción que está aniquilando, de paso, al planeta y a todos sus habitantes.

Esa tecnología se alimenta del miedo. Es el miedo quien fabrica los enemigos que justifican el derroche militar y policial. Y en tren de implantar la pena de muerte, ¿qué tal si condenamos a muerte al miedo? ¿No sería sano acabar con esta dictadura universal de los asustadores profesionales? Los sembradores de pánicos nos condenan a la soledad, nos prohíben la solidaridad: sálvese quien pueda, aplastaos los unos a los otros, el prójimo es siempre un peligro que acecha, ojo, mucho cuidado, éste te robará, aquél te violará, ese cochecito de bebé esconde una bomba musulmana y si esa mujer te mira, esa vecina de aspecto inocente, es seguro que te contagia la peste porcina.

En el mundo al revés, dan miedo hasta los más elementales actos de justicia y sentido común. Cuando el presidente Evo Morales inició la refundación de Bolivia, para que este país de mayoría indígena dejara de tener vergüenza de mirarse al espejo, provocó pánico. Este desafío era catastrófico desde el punto de vista del orden racista tradicional, que decía ser el único orden posible: Evo era, traía el caos y la violencia, y por su culpa la unidad nacional iba a estallar, rota en pedazos. Y cuando el presidente ecuatoriano Correa anunció que se negaba a pagar las deudas no legítimas, la noticia produjo terror en el mundo financiero y el Ecuador fue amenazado con terribles castigos, por estar dando tan mal ejemplo. Si las dictaduras militares y los políticos ladrones han sido siempre mimados por la banca internacional, ¿no nos hemos acostumbrado ya a aceptar como fatalidad del destino que el pueblo pague el garrote que lo golpea y la codicia que lo saquea?

Pero, ¿será que han sido divorciados para siempre jamás el sentido común y la justicia?

¿No nacieron para caminar juntos, bien pegaditos, el sentido común y la justicia?

¿No es de sentido común, y también de justicia, ese lema de las feministas que dicen que si nosotros, los machos, quedáramos embarazados, el aborto sería libre? ¿Por qué no se legaliza el derecho al aborto? ¿Será porque entonces dejaría de ser el privilegio de las mujeres que pueden pagarlo y de los médicos que pueden cobrarlo?

Lo mismo ocurre con otro escandaloso caso de negación de la justicia y el sentido común: ¿por qué no se legaliza la droga? ¿Acaso no es, como el aborto, un tema de salud pública? Y el país que más drogadictos contiene, ¿qué autoridad moral tiene para condenar a quienes abastecen su demanda? ¿Y por qué los grandes medios de comunicación, tan consagrados a la guerra contra el flagelo de la droga, jamás dicen que proviene de Afganistán casi toda la heroína que se consume en el mundo? ¿Quién manda en Afganistán? ¿No es ese un país militarmente ocupado por el mesiánico país que se atribuye la misión de salvarnos a todos?

¿Por qué no se legalizan las drogas de una buena vez? ¿No será porque brindan el mejor pretexto para las invasiones militares, además de brindar las más jugosas ganancias a los grandes bancos que en las noches trabajan como lavanderías?

Ahora el mundo está triste porque se venden menos autos. Una de las consecuencias de la crisis mundial es la caída de la próspera industria del automóvil. Si tuviéramos algún resto de sentido común, y alguito de sentido de la justicia ¿no tendríamos que celebrar esa buena noticia? ¿O acaso la disminución de los automóviles no es una buena noticia, desde el punto de vista de la naturaleza, que estará un poquito menos envenenada, y de los peatones, que morirán un poquito menos?

Según Lewis Carroll, la Reina explicó a Alicia cómo funciona la justicia en el país de las maravillas:

–Ahí lo tienes –dijo la Reina–. Está encerrado en la cárcel, cumpliendo su condena; pero el juicio no empezará hasta el próximo miércoles. Y por supuesto, el crimen será cometido al final.

En El Salvador, el arzobispo Oscar Arnulfo Romero comprobó que la justicia, como la serpiente, sólo muerde a los descalzos. El murió a balazos, por denunciar que en su país los descalzos nacían de antemano condenados, por delito de nacimiento.

El resultado de las recientes elecciones en El Salvador, ¿no es de alguna manera un homenaje? ¿Un homenaje al arzobispo Romero y a los miles que como él murieron luchando por una justicia justa en el reino de la injusticia?

A veces terminan mal las historias de la Historia; pero ella, la Historia, no termina. Cuando dice adiós, dice hasta luego.



http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-124547-2009-05-08.html

UN MOMENTO QUE PERDÍ


Miren bajo el asiento,
miren.
Busquen entre los pies
y las colillas
y los papeles.
Busquen, busquen la vida,
la vida que perdí
cuando ocupé sus espacios
y su tiempo.
Miren al techo,
miren al blanco de mi espalda
y verán la vida.
La vida que dejé volar
y que dejé pasar.
Y cuando esto acabe,
busquen entre la yerba
y la gente
y verán la vida,
la vida que dejé enterrada,
que dejé caer.
Busquen,
busquen, mi error
bajo el silencio,
mi error, búsquenlo
dentro del vacío.
Si lo encuentran
traten de no perderlo.
Es posible
que en él esté el camino.

LIBERADA


Cuando cumplió los quince años la abuela María le contó la historia de una niña que por acostarse sin beber agua dejó que las sábanas secaran su cuerpo hasta que el diablo pudo con ella y arrastró su espíritu al mundo de las tinieblas.
Aquella noche se acostó con sed, soñó que la isla ya no estaba y a su guitarra le sobraba una cuerda. Los cuadros de la pared daban vueltas y las ventanas empujaban los cristales al abismo. Estaba sóla, una escoba de alambres la invitó a subir.
Ató su corazón con la cuerda de la guitarra y viajó por el mundo, calles abarrotadas de gente que reía, luces de neón y música por todas parte. Ni Ángeles ni querubines, ni Diablos escupiendo azufre. Voló subida en la escoba de alambres, conjugó el verbo vivir y regresó feliz. No exitía el infierno mas allá de su ventana. Al amanecer se comprometió con el futuro; nunca mas bebería agua antes de acostarse.
Con la noche llegó el sueño, una vez más se durmió con sed.