Enredando o debatiendo; la cuestión Nacional.


En Canarias y probablemente en muchas otras partes del mundo, nos pasamos la vida proponiendo debates. Unas veces en la barra del bar en torno al partido del fin de semana, otras en la escalera propiciado por la necesidad de instalar un ascensor, otras en familia por la educación de los hijos o por la conveniencia de pasar las vacaciones en la playa o en la cumbre.
Existen multitud de foros en los que nos empeñamos en debatir. Esto es saludable desde el punto de vista de la participación democrática, si no fuera porque en la mayoría de los casos convertimos el debate en el objetivo, y no en un medio para llegar a conclusiones que nos hagan avanzar en la resolución de los conflictos. Esto último ocurre en lo que ampliamente denominamos Movimiento Nacional Canario, (como dicen en mi pueblo; un montón de gente queriendo lo mismo y pidiendo lo contrario)
Dos son los debates más recurrentes; la construcción Nacional desde posiciones de clase o desde posiciones interclasistas y el otro la insularidad desde el insularismo o desde el archipiélago.
Debate A. El Pasado día 23 dos convocatorias de manifestación diferentes nos llamaban a reclamar desde la calle los derechos nacionales de Canarias. Una ponía el acento en la letra y la otra en la música (indistintamente) sin tener en cuenta que lo que se planteaba era un debate ya manido y resuelto desde el punto de vista dialéctico, algo ya resuelto. No es posible meter guirres y pardelas en la misma jaula pero tampoco es factible soltarlos en el mismo risco, los primeros buscarán la comida barranco arriba y las segundas en la mar.
Debate B. A diario nos encontramos con que la vieja disputa de la aristocracia burguesa de dos de nuestras islas es recuperada por pleiteros insulares de nuevo cuño. Bastardos vendidos al oro del extranjero que nos mezclan el gofio con rollón y nos lo hacen pasar por una delicatessen.
Lo que después de tanto palabro quiero manifestar es mi cabreo porque seguimos haciendo caso a majaderías en vez de poner remedio a los males que a tiempo que pasa se convierten en signos de torpeza y amedrentamiento. Es hora de poner el acento donde corresponde.
De acuerdo con su pronunciación, las palabras se clasifican en cuatro grupos principales:
Agudas, cuando el acento fonético recae en la última sílaba ( Ma-DRID...)
Graves (también llamadas LLANAS), cuando el acento fonético recae en la penúltima sílaba ( a-MI-go).
Esdrújulas, cuando el acento fonético recae en la antepenúltima sílaba (PLÁ-ta-no, es-TÚ-pi-do...).
Si el acento recae en sílabas anteriores la palabra se denomina sobreesdrújula (ra-pi-DÍ-si-ma-men-te ) -más que nada cuando alguien cambia de chaqueta o se hace rico de la noche a la mañana-
El acento ortográfico se coloca siempre sobre una vocal, y en la sílaba con el acento fonético.
En castellano sólo se utiliza la forma de \'acento agudo\', por lo que las únicas formas existentes son á é í ó ú.
La \'diéresis\' sobre la letra \'u\' (ü) tiene un significado completamente diferente. (agÜimes)
La marca sobre la letra \'ñ / Ñ\', no es considerada ningún tipo de \'acento\', \'marca diacrítica\' ni nada similar. Es una letra en sí misma, completamente diferente a la \'n / N\'. (CaNarias VS EspaÑa)
Las formas singular y plural llevan el acento en la misma sílaba (CRImen/CRImenes, naciON/naciOnes). Sólo hay dos excepciones a esta regla: caRÁCter/caracTEres y Régimen/reGÍmenes.
Todo lo demás son ganas de poner el acento sobre consonantes, lo cual según lo dictado por la RAE ("deellos") no cuadra.
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