Arehucas, la revuelta cangrejera, o del escorpión ( animal conocido por matarse a sí mismo).


La identidad corporativa, es un vehículo que da una proyección coherente y cohesionada, de una empresa u organización, una comunicación visual sin ambigüedades.
Es un aglutinador emocional que mantiene unida a la empresa u organización, es una mezcla de estilo y estructura, que afecta lo que haces, donde lo haces y como explicas lo que haces.
Todo lo que una empresa tiene hace y dice es expresión de la identidad corporativa.
La identidad corporativa no son sólo los logotipos y símbolos. Esta es una exageración del papel del diseño, estos son sólo referentes visuales.
La elección de los colores y símbolos, el estilo, la tipografía, un folleto de prestigio, son signos visibles de una organización.
Una identidad corporativa bien realizada no es un simple logotipo. Es necesario mantener una coherencia visual en todas las comunicaciones que una empresa realiza; folletos, papelería, páginas web, etc.
La identidad corporativa de una empresa es su carta de presentación, su cara frente al público; de esta identidad dependerá la imagen que nos formaremos de esta organización.

La identidad de un pueblo viene estructurada por valores, costumbres, por la lengua y largo etcétera. Hoy quiero reflexionar en torno a determinados elementos que nos identifican como canarios aquí y en todo el mundo; las papas arrugás, el mojo, el gofio, la Tropical, la Dorada, los malvasías y el Ron de Arehucas. El cartaoro o el cartablaca.
Canarias que durante años fue CUNA del RON y los de fuera encontraban el Archipielago Atlantico en aquel viejo mapa de Torriani. Nosotros que en aquellos años de ausencias cartográficas en el hogar, sin Google ni nada parecido copiamos aquel mapa del dorso de la botella que el viejo ponía en la mesa para echarse el pizco antes de la cena.
Aquel mapa, parte de nuestra identidad, desparece hoy para convertirnos en proveedores de la realeza. Parece como si nuestras islas no fuesen más que eso, proveedoras de la corte, ayer de esclavos llevados a la fuerza para abladar con su sudor las duras tierras de Castilla y hoy para aflojar los gaznates de intrépidos marineros después de una competición de vela en el Mediterráneo.
Seguiremos echándonos el pizco, pero con menos ilusión.
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