Contracorriente


Gabriel Losada (Becario)

Aunque sea políticamente incorrecto defender la postura de los señores del aire, -pues el mal causado ha sido de dimensiones astronómicas- habría que plantearse por qué motivos se llega a lo que se ha denominado huelga salvaje. Por qué unos trabajadores abandonan sus puestos de trabajo sin aparente preaviso, por qué no ha habido diálogo, por qué se llega a estos extremos.

Esta crisis en las que nos hayamos inmersos (y de la que no vamos a salir durante algún tiempo) tiene un origen económico que nos está llevando a ciertos replanteamientos, a ciertos cambios, a ciertas transformaciones sociales. Esto conlleva reflexiones, propuestas, consensos y aplicaciones. Y el problema ya deja de radicar en la simple economía para afectar a valores democráticos fundamentales cuando el consenso deja de existir y las aplicaciones se hacen unilateralmente por decretazos. Se quieren hacer cambios, eso está claro, y también está claro cómo se quieren hacer (la antigua fórmula de ordeno y mando), lo que no está claro es por qué se quieren hacer unos y otros no. Las perras, ese gran problema que a todos nos persigue, parecen ser la clave. ¿Qué fácil es en estos momentos buscar una cabeza de turco? Esos “privilegiados” cobran demasiado. Sí, cobran demasiado hoy, a pesar de la gran mordida sufrida ya en sus nóminas, pero no son los únicos “privilegiados” con sueldos exagerados que pululan por nuestra sociedad; podríamos enumerar una gran lista desde los pilotos de aviación comercial, a notarios, a arquitectos de proyectos millonarios, a médicos particulares (que no facturan y hacen uso de instalaciones públicas), a cargos de la banca y sus prejubilados (que facturan a la seguridad social y a la entidad), a consejeros de empresas… y políticos y asesores. Muchos políticos y asesores desde los ayuntamientos, comunidades autónomas, gobierno. La lista de privilegiados económicos no es corta, más bien parece lo contrario. Sin embargo, se arremete contra determinados sectores, primero fueron los funcionarios, esa lacra social en época de tormentas que se muere de hambre en época de bonanzas. Esos privilegiados por tener una nómina fija cuando otros han perdido sus trabajos, da lo mismo que su sueldo base esté en 1.000 euros. Después los desempleados de larga duración; más tarde, ya veremos.

España necesita ajustes a marcha forzada, la banca que nos ha metido en este follón, no está ganando lo suficiente, da lo mismo que se publiquen los últimos resultados con beneficios mutimillionarios. Si cae la banca, cae el país… eso dicen, así que todos debemos pagar los platos rotos. Y políticos y medios se dedican a vender la idea que todos debemos cobrar menos para que la banca siga ganando más.

Se entiende el recorte, los modos ya son otra cosa. En el caso de los controladores ha habido de todo y da la sensación que en ese todo ha habido mobbing laboral, que hecho por el estado suena bastante fuerte y adquiere otras muchísimas connotaciones que pueden hacer tambalear los cimientos de la sociedad. La actitud de Pepín Blanco seguida por otros, entre los que está Paulino Rivero con sus “todos esos privilegiados a la calle”, suenan a viejos modos, a casa de brujas, a desprecio profesional e inquina personal, casi parece una obsesión, como la de Franco con los masones. Con militares por medio y estado de Alarma da que pensar que los rumbos que estamos tomando no vamos a saberlos parar. ¿Qué fue del diálogo? ¿Qué de los acuerdos? ¿Qué del consenso? ¿Todo vale porque sus sueldos son elevados? ¿Representan los controladores aéreos el enemigo de esta España en crisis? Qué fácil parece todo. No será que en los planes de privatización de AENA los controladores suponen un serio obstáculo y que para saltar ese obstáculo impera el vale todo. No se ha sabido gestionar el conflicto. Ambas partes han enquistado el problema de tal forma que se ha producido una gran metástasis. La solución no será fácil, pero habrá que tener en cuenta que muchas de las soluciones que están aportando los políticos para el caso deberán ser devueltas a su status en una sociedad igualitaria y yo estoy deseando ver a todos esos que desde su poltrona institucional han metido y meten la mano en la saca de todos los españoles, despilfarran los fondos públicos, hacen magias en las cuentas para la financiación de sus partidos y la suya propia no sólo lo paguen con penas de cárcel sino con el embargo de sus bienes, los puestos a nombres de sus familiares, los colocados bajo nombres de empresas… pues acaso el mal de este país no radique en un grupo de trabajadores muy bien remunerados sino aquellos que, a sabiendas o no, han jugado con el dinero público como si llevar un ayuntamiento, un comunidad autónoma, o el país fuese el juego del Monopoly. Mano dura, sí, pero mano dura para todos, empezando por los criminales que en vez de defender el estado, lo público, la sociedad en general de la que son sus representantes se valen de su posición para el más ruin de los enriquecimientos, empobreciendo nuestro país económica y moralmente, mucho más que esos señores que manteniendo la circulación del espacio aéreo cobran un sueldo que ellos mismos no se han impuesto. Esos mismos señores que bajo la túnica de la democracia están actuando saltándose todos los derechos precedentes, esos derechos que nos mantienen como sociedad y por los que se han venido luchando históricamente.


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