La ciudad de Las Palmas necesita un museo de arte permanente

Gabriel Losada

Hace ya algunos años, recuerdo que cuando Martín Chirino abandonó (“abandonaron”) la dirección del CAAM, surgieron múltiples propuestas y orientaciones museísticas. Por aquel entonces, no se sabe por qué recónditos motivos la idea de un museo permanente se contemplaba como algo caduco, estéril, sin proyección de ningún tipo. Evidentemente, los que defendían estas posturas provenían de poblaciones con numerosos espacios de esas características y otros, se apuntaban a las sabias modernidades venidas desde fuera. No lo entendí entonces y sigo sin entenderlo. Ahora, transcurridos ya cerca de 10 años, ni tenemos un CAAM de proyección internacionalista (aunque hay muchos buenos deseos, la esperanza hoy es poca en que Omar Pascual consiga relanzarlo) y seguimos sin tener un referente pictórico en la ciudad.

Ahora viene la candidatura cultural de la ciudad, si las cosas se hubieran hecho a su tiempo, sin tantas discusiones banales –bananales, la fortaleza de algunos aspectos sería patente. Llevamos el retraso cultural pegado a nuestra propia historia. Discutimos sobre lo divino y lo humano pero al final todo queda en la simple discusión y los proyectos no se materializan. Ahora, en nuestros muelles fondean grandes trasatlánticos cuyos pasajeros sin opción cultural acuden a las grandes superficies. Paradójicamente, muchos edificios públicos caen en el abandono -como publicó La Provincia hace unos días. Entre los edificios citados en el artículo aparecía el de la antigua consignataria de Camilo Martinón, muy cerca del emblemático Woermann, muy cerca del Muelle a la vez. Un impulso cultural uniendo uno más uno, un espacio donde el residente y el visitante puedan encontrarse con Jorge Oramas y Manolo Millares, con Felo Monzón, y Juan Ismael, con Santiago Santana y otros tantos artistas cuya visión en la actualidad se reduce a unas esporádicas exposiciones (que siempre, por lo temporal, dejan un amargo sabor de boca), así como otros de nuestros artistas en plena fecundidad creativa desde Paco Sánchez a Juan José Gil e incluso los más jóvenes talentos, que no son pocos.

Este espacio museístico es necesario, sin discusiones, la localización acaso pudiera estudiarse, teniendo en cuenta la necesidad de proyectar culturalmente la zona del Puerto, bastante olvidada en estos aspectos y en algunas ocasiones negada (lo digo por aquella magnífica biblioteca proyectada para la zona en los aledaños del citado Woermann que desapareció por arte de magia). El eje de este nuevo museo con el Elder y la Regenta (y sus nuevas orientaciones necesarias) materializaría una zona cultural alternativa. En nada rivaliza con el proyecto del Hospital San Martín, que de ejecutarse sería mucho más ambicioso. La ciudad de Las Palmas de Gran Canaria necesita, espacios culturales de los que adoloce y necesita mostrar abiertamente y de forma permanente sus señas de identidad, su historia, su arte, tanto a los locales como a los foráneos y no permanecer, como lo hacen, escondidos en subterráneos espacios, en despachos ministeriales, en oscuros almacenes, escondidos a los ojos de los curiosos en esa poética de la invisibilidad a la que se han visto sometidos durante años.