INÚTIL Y DELINCUENTE


Gabriel Losada

Tengo 45 años, soy docente y funcionario y aunque esto pueda parecerlo no es un anuncio de contactos, acaso pudiera ser considerado por alguien (si ha leído el título, cosa poco probable) dentro de la sección de demandas laborales, de ser así, estoy abierto a cualquier oferta. Aunque estoy desesperado, abstenerse gente poco seria y proposiciones deshonrosas (no quiero cargo político, ni nada que ver con la deconstrucción urbanística, ni muchos menos con los atracadores bancarios, tampoco busco pertenecer a monopolios dictatoriales de la comunicación telefónica, eléctrica, o acuífera y demás corruptores de la sociedad actual…)
A todos los pocos interesados sólo puedo decirles que soy una persona sincera y como ejemplo de ello me bastará con esta simple verdad: soy un inútil y con toda probabilidad sea también un delincuente. Soy un inútil, en primer lugar, porque soy funcionario y, aunque yo pensaba cuando era joven que esta situación laboral era meritoria, me he dado cuenta con el paso del tiempo, con el tratamiento de los políticos al gremio y con el “respaldo” de los medios de comunicación, que yo estaba muy equivocado (problemas de la ingenuidad y del idealismo, que a veces llegan a ser lo mismo) y que ser funcionario es ser un gandul profundo, un vividor con demasiado tiempo libre, un zoquete que ni siquiera quiere hacer mal su trabajo y que todo lo suele hacer mal, tarde o nunca, una lacra social a la que hay que exterminar; en definitiva, una vil cucaracha. En segundo lugar, porque soy docente, el escalafón más alto previo a la miseria, el más respetado inmediatamente después del último mono. Un delincuente social sin funciones claras dentro de nuestra sociedad actual donde la educación no es secundaria sino terciaria o cuaternaria o, sin ser pesimista, donde la educación no es, ni está, ni se le espera.
Y además de inútil, soy un delincuente que fuma, bebe y va por la autopista a más de 120, perdón, de 110, y que se baja de la red películas, libros y música, a pesar de que papá Zapatero, en vista que no puede resolver los verdaderos problemas estructurales e ideológicos que afectan a esa España suya, que no mía y menos nuestra, ha decidido por nosotros cómo debemos ser, cómo debemos comportarnos, qué es correcto y qué no lo es, dentro de su muy limitado punto de vista autocrático, en la que se ha convertido nuestra pseudodemocracia. Y para que cumplas con su despotismo aletrado realiza unas inversiones tremendas en tecnología para pillar a todos esos delincuentes que incumplen las leyes absurdas y sancionadoras. El día que doten a la guardia civil de controles de consumo de cocaína y quiten los coches oficiales nuestros respetados políticos no van a poder salir a la calle ni andando. Fuerte hipocresía, compañero.
Pero, llegados a este punto, uno podría pensar que este es un artículo antizapatero, incluso antipsoe. Pues no, dejen de pensar tanto, porque lo mismo me da, que me da lo mismo. Si piensan que la solución está en Rajoy, dejen también de pensar (no se hagan sufrir). Esto no lo arregla ni su puta madre (si es que alguna vez esta digna señora arregló algo), porque llegados al asunto quienes manejan la barca son los Botín, los Ron o los Rato (vaya apelliditos de piratas que tienen) que sólo entienden de beneficios, ganancias, dividendos. Sí, estos que debieran haber caído y no sólo no cayeron sino que se hicieron más fuertes. Sí, estos que siguen ganando sin sudar la camiseta… Pero, qué más da, yo soy un inútil, y acaso también un delincuente que sigo soñando con que las movilizaciones sociales y libertarias que se están produciendo en Túnez, en Egipto, en Libia, en Bahrein… lleguen de una vez a este país caduco, sangrante y falto de ideas.


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