Horizontes marchitos (1)


Ayer quise saborear la puesta de sol, quise estar cerca cuando cayera el manto de la noche sobre los límites extremos de la isla. Recorrí una distancia considerable hacia el oeste. Salí temprano y fui bordeando, dibujando una espiral, siguiendo la estela de asfalto que oculta los caminos en otro tiempo desandados por Doramas, por hombres y mujeres libres.
El coche devoró las distancias. Antes, mucho antes de lo previsto. Y la hora, la hora me la cambiaron como queriendo arrimar el insular espacio a la sombra de las catedrales, meterlo por decreto en la piel de toro, refugio del bárbaro extranjero. Llegué pronto o el sol fue lento. Cuando desperté la luna bostezaba y con desgana iluminaba mi alma pagana, ya a esas horas ebria de dolor y desesperanza.

Nota del autor: Hoy no abro el correo, no respondo llamadas, no escucho el buzón de voz. Casi que hoy voy a dormir todos mis sueños. Mañana será otro día.
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