La lucha por la República Socialista y el Frente Obrero y Popular


CARMELO SUÁREZ
Secretario General del 
Partido Comunista de los Pueblos de España (PCPE)


 No transiciones democráticas, sino tránsito revolucionario 

LLEGÓ LA FASE IMPERIALISTA Y LIQUIDÓ LOS TÉRMINOS MEDIOS 


La “Transición democrática” fue una hábil estrategia política impulsada por el actual bloque histórico de poder de este país, que permitió al capitalismo español recomponer su hegemonía después de la muerte del dictador anterior.


Ese bloque dominante, que desarrolló importantes etapas de su proceso de acumulación capitalista sustentado sobre la sangre de la clase obrera derramada en la guerra y en la postguerra, pudo –así- iniciar una nueva etapa de su desarrollo, que ya no era posible dentro de los rígidos límites de la dictadura militar.
En el marco de la lucha ideológica con el bloque de países socialistas -en el tercer cuarto del siglo pasado-, el capitalismo europeo e internacional exigía al capitalismo español su integración en las formalidades de la democracia burguesa para hacerle un lugar en el seno del imperialismo internacional.
El prestigio social alcanzado por la clase obrera como consecuencia de su heroica resistencia, durante cuarenta años, a la brutal represión del sistema era uno de los factores que más temían las clases dominantes en ese momento. Todas las energías del capital se orientaron -con el asesoramiento de los principales centros imperialistas-, a establecer una estrategia para tratar de anular un hipotético escenario en el cual la clase obrera tuviera la capacidad de jugar una posición de fuerza en la configuración del nuevo modelo social después de Franco.
Sin entrar a analizar ahora las complicidades y responsabilidades de ciertas fuerzas obreras en la estrategia de la burguesía, lo cierto es que la “Transición democrática” derrotó, en ese momento, el acumulado heroico de la clase obrera y abrió un nuevo período en el que las clases dominantes pudieron desarrollar, con enorme comodidad, su proceso de integración a la cadena imperialista internacional. Incorporación a la CE, a la OTAN, y a todas las alianzas internacionales capitalistas.
Se impulsa, así, un enorme proceso de concentración y centralización en el capitalismo español, que da origen a un sector monopolista que juega con enorme ambición en la disputa interimperialista.
Al tiempo existe hoy una numerosísima clase obrera, a la que se incorporan -en el proceso- sectores de la pequeña burguesía que son proletarizados por la misma dinámica de concentración del capital.
LA REPÚBLICA YA NO ES LA DE 1931
Situadas así las cosas ya no hay ningún recorrido democrático que el pueblo pueda compartir con las clases dominantes. Ni en la visión más tacticista que se pueda pensar es posible plantear una democratización del capitalismo. La actual forma de la dictadura del capital no deja el más mínimo margen para esa hipótesis.
Por ello hoy la reivindicación de la república, a secas, no pasa de ser una reclamación pequeño-burguesa, que no confronta con el bloque dominante, y que éste podría asumir en cualquier momento si desde el punto de vista táctico le resuelve la estabilidad de determinados consensos sociales necesarios para la continuidad de su hegemonía. Pero sería una república que nada tendría que ver con el papel histórico que jugó en su día la II República.
Ahora la clase obrera tiene que entrar en escena con su propio programa político hacia la revolución socialista, reivindicando su heroica lucha y resistencia antifascistas, pero no para restituir el pasado sino para construir un nuevo futuro en las actuales condiciones del desarrollo histórico y de agudización de las contradicciones de clase; al tiempo que se ha de abrir un proceso para hacer justicia histórica con los crímenes de ayer, y de rehabilitación y reconocimiento de las víctimas.
REPÚBLICA SOCIALISTA
Ante la violencia absoluta de las clases dominantes contra la clase obrera y el pueblo, hay que responder con la alianza de la clase y los sectores populares proletarizados que, objetivamente, nada tienen que ganar con la estrategia política que la burguesía impone con mano de hierro.
El Frente Obrero y Popular por el Socialismo tiene como programa central la lucha por la salida socialista de la actual crisis estructural del sistema capitalista, y sus propuestas no se orientan a reformas para mejorar el sistema capitalista, sino a luchar por mejoras para la clase obrera que confrontan directamente con la dominación capitalista.
La lucha por la nacionalización de la banca, las propuestas de salida del euro, de la UE y de la OTAN, la creación de nuevas instancias de poder obrero y popular, constituyen un programa de lucha política inasumible por el bloque dominante. Todo ese programa político toma forma de poder en la república socialista de carácter confederal.
Esta propuesta de alianzas acoge en su seno a la clase obrera industrial, al proletariado asalariado en todas las instancias, a organizaciones de mujeres dispuestas a conseguir su emancipación sin concesiones ni engaños, a sectores de pequeños y medianos productores, a sectores campesinos arruinados por la PAC, a organizaciones juveniles, etc. El FOPS se organiza en los centros de trabajo con los Comités de Unidad Obrera (CUO), en los barrios con los Comités de Unidad Popular (CUP), en las asociaciones de mujeres, en la juventud que pelea por un futuro digno, en las fuerzas que luchan contra la guerra imperialista y por la solidaridad internacionalista, etc.
Este Frente se conforma con un enorme proceso social y político de masas, y de acumulación de fuerzas a favor de la revolución socialista, con destacamentos avanzados y otros menos avanzados, pero capilarizados en la sociedad para elevar el grado de conciencia sobre la necesidad de la superación revolucionaria del capitalismo
La matriz que conforma toda esta propuesta programática es la República Socialista de carácter Confederal, en la que la clase obrera ejerza el poder como clase dominante.
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