La unidad
sindical lograda para hacer frente a las políticas impuestas
por la gerencia del capitalismo, acomodada en
la Moncloa, durante las últimas movilizaciones en
Canarias es un hecho histórico. Pero es el hecho mismo de lo
novedoso lo que deriva en divergencias que ponen en peligro esta
unidad. A todos y todas nos toca reflexionar y realizar
los análisis oportunos. El 1º de Mayo en Las Palmas de
Gran Canaria fue un éxito de la clase obrera esperemos no
se vea enturbiado por el oportunismo de unos y el radicalismo de
otros. A buen entendedor le sobran las palabras...
Invito a la lectura del artículo de V.I. Lenin , palabras que mantiene su total vigencia más de cien años después.
Invito a la lectura del artículo de V.I. Lenin , palabras que mantiene su total vigencia más de cien años después.
LAS DIVERGENCIAS EN EL
MOVIMIENTO OBRERO EUROPEO.
Las divergencias
tácticas fundamentales que se
manifiestan en el movimiento obrero
de nuestros
días en Europa y en América se reducen a la lucha
contra dos importantes corrientes que se desvían del
marxismo, el
cual es hoy, en la práctica, la teoría
dominante en dicho
movimiento. Estas dos
corrientes son: el revisionismo (oportunismo,
reformismo)
y
el
anarquismo
(el
anarcosindicalismo,
anarcosocialismo). Ambas
desviaciones de la teoría y de la táctica
marxistas,
teoría y táctica dominantes en el movimiento
obrero,
se registran con diversas formas y distintos
matices en todos los
países civilizados a lo largo de
la historia de más de medio siglo
del movimiento
obrero de masas.
Este solo hecho
evidencia ya que no es posible
explicar dichas desviaciones ni como
casualidades
ni como equivocaciones de tales o cuales personas
o
grupos, ni siquiera por la influencia de las
peculiaridades o
tradiciones nacionales, etc. Tiene
que haber causas cardinales,
inherentes al régimen
económico y al carácter del desarrollo de
todos los
países capitalistas, que originan constantemente
estas
desviaciones. Un librito del marxista holandés
Anton Panneckoek,
aparecido el año pasado con el
título de Las divergencias tácticas
en el movimiento
obrero (Die taktitchen Differenzen in der
Arbeiterbewegung, Hamburg, Erdmann Dubber,
1909), es un intento
interesante de analizar
científicamente dichas causas. En la
exposición que
sigue daremos a conocer al lector las conclusiones
a
que ha llegado Panneckoek, conclusiones que no se
puede menos de
reconocer atinadas por completo.
Una de las causas más
profundas que originan
periódicamente divergencias en la táctica
es el
propio hecho de que el movimiento obrero crece. Si
no lo
medimos con el rasero de algún ideal
fantástico, si lo examinamos
como un movimiento
práctico de hombres corrientes, quedará claro
que
la incorporación de más y más "reclutas" y la
inclusión de nuevos sectores de las masas
trabajadoras
deben
ir
acompañadas
inexorablemente de vacilaciones en el terreno de la
teoría y de la táctica, de la repetición de viejos
errores, de la
vuelta temporal a conceptos y
métodos anticuados, etc. El
movimiento obrero de
cada país emplea periódicamente más o menos
energía, atención y tiempo para "instruir" a los
reclutas.
Además, el desarrollo
del capitalismo no es
igual de rápido en los diversos países y en
las
distintas ramas de la economía nacional. La clase
obrera y sus
ideólogos asimilan el marxismo con
mayores facilidad, prontitud,
extensión y solidez
allí donde más desarrollada está la gran
industria.
Las relaciones económicas
atrasadas o que van a la
zaga en su desarrollo conducen siempre a
la
aparición de partidarios del movimiento obrero que
asimilan
sólo algunos aspectos del marxismo, sólo
partes separadas de la
nueva concepción del mundo
o consignas y reivindicaciones sueltas,
sin sentirse
capaces de romper resueltamente con todas las
tradiciones de la concepción burguesa en general y
de la
democrática burguesa en particular.
Además, el carácter
dialéctico del desarrollo
social, que transcurre entre
contradicciones y
mediante contradicciones, constituye una fuente
permanente de discrepancias. El capitalismo es un
factor de progreso
porque destruye los viejos
modos de producción y desarrolla las
fuerzas
productivas; pero, al llegar a cierto grado de
desarrollo,
frena al paso el incremento de las
fuerzas productivas. El
capitalismo desarrolla,
organiza, disciplina a los obreros, pero
también
aplasta, oprime, causa la degeneración, la miseria,
etc.
El propio capitalismo crea a su sepulturero, él
mismo crea los
elementos del nuevo régimen; pero,
al propio tiempo, si no se
produce un "salto", estos
elementos sueltos en nada
cambian el estado
general de cosas, no lesionan el dominio del
capital.
El marxismo, como teoría del materialismo
dialéctico,
sabe explicar estas contradicciones de la
vida real, de la historia
palpitante del capitalismo y
del movimiento obrero. Ahora bien, se
comprende
de por sí que las masas aprenden de la vida, y no de
los
libros, por lo que algunas personas o grupos
suelen exagerar y erigir
siempre en teoría unilateral,
en sistema táctico unilateral tal o
cual rasgo del
desarrollo capitalista,
tal o cual "enseñanza"
derivada de este desarrollo.
Los ideólogos, los
liberales y los demócratas
burgueses que no comprenden el marxismo
ni el
movimiento obrero moderno, pasan constantemente
de un extremo
de impotencia a otro. Tan pronto
pretenden explicarlo todo, diciendo
que gentes
malvadas "azuzan" a una clase contra otra, como
se
consuelan creyendo que el partido obrero es "un
partido
pacífico de reformas". Deben tenerse por
producto directo de
esta concepción burguesa y de
su influencia el anarcosindicalismo y
el
reformismo, que se aferran a un solo aspecto del
movimiento
obrero y erigen esa unilateralidad en
teoría, declarando
incompatibles las tendencias o
rasgos del movimiento obrero que
constituyen la
peculiaridad específica de tal o cual período, de
tales o cuales condiciones de actuación de la clase
obrera. Pero la
vida real, la historia real implica
estas tendencias diversas de
manera similar a como
la vida y el desarrollo de la naturaleza
implican la
evolución lenta y los saltos rápidos, las
interrupciones del movimiento paulatino.
Los revisionistas creen
que los razonamientos en
torno a los "saltos" y al
antagonismo de principio
entre el movimiento obrero y toda la vieja
sociedad
son meras palabras. Creen que las reformas son una
plasmación
parcial
de
socialismo.
El
anarcosindicalista rechaza
la "labor menuda", sobre
todo la utilización de la tribun
parlamentaria. En la
práctica, esta última táctica se reduce a
esperar
"días grandes", y eso se hace sin saber reunir
al
paso las fuerzas creadoras de los grandes
acontecimientos. Unos
y otros frenan la obra
principal y más apremiante: la de agrupar a
los
obreros en organizaciones nutridas y robustas que
funcionen
bien y sepan funcionar bien en
cualesquiera circunstancias, en
organizaciones
rebosantes de espíritu de lucha de clase que tengan
una visión clara de sus objetivos y estén educadas
en la verdadera
concepción marxista del mundo.
Aquí nos permitiremos una pequeña
digresión y
diremos entre paréntesis, a fin de evitar posibles
malentendidos, que Panneckoek ilustra su análisis
con ejemplos
tomados exclusivamente de la historia
de Europa Occidental, sobre
todo de Alemania y
Francia, sin tener en cuenta para nada a Rusia.
Si
alguna vez parece que alude a Rusia, eso se debe
sólo a que las
tendencias principales originadas por
ciertas desviaciones de la
táctica marxista se manifiestan asimismo en nuestro país, a pesar
de las
enormes diferencias de cultura, modo de vida y tipo
histórico de economía que hay entre Rusia y
Occidente.
Por último, una causa
muy importante de
discrepancia entre los participantes en el
movimiento obrero reside en los cambios de táctica
de las clases
gobernantes, en general, y de la
burguesía, en particular. Si la
táctica de la
burguesía fuera siempre similar o, al menos,
homogénea, la clase obrera no tardaría en aprender
a responder a
ella con una táctica igual de similar y
homogénea. Pero, en la
práctica, la burguesía de
todos los países pone en juego
inexorablemente dos
sistemas de gobierno, dos métodos de lucha
para
defender sus intereses y su dominación, dos
métodos que se
alternan o entremezclan, formando
distintas combinaciones. Se trata,
en primer
término, del método de la violencia, método que
niega
toda concesión al movimiento obrero, método
que apoya todas las
instituciones viejas y caducas,
método que rechaza de plano las
reformas. Este es
el fondo de la política conservadora que, en
Europa
Occidental, deja de ser cada día más la política de
las
clases terratenientes para convertirse en una
variedad de la
política burguesa en general. El otro
método es el del
"liberalismo", el de dar pasos hacia
el desarrollo de los
derechos políticos, hacia las
reformas, las concesiones, etc.
Cuando la burguesía
pasa de un método a otro
no lo hace obedeciendo a alevosas
intenciones de
algunos individuos, ni tampoco por mera
casualidad,
sino en virtud del carácter
profundamente contradictorio de su
propia
situación. Una sociedad capitalista normal no puede
desarrollarse con buen éxito sin un régimen
representativo
consolidado, si la población, que no
puede menos de distinguirse
por sus demandas
"culturales" relativamente altas, no goza
de ciertos
derechos políticos. Estas demandas de poseer un
nivel
cultural mínimo son debidas a las condiciones
del propio modo de
producción capitalista, con su
técnica elevada, su complejidad,
flexibilidad,
movilidad, rapidez en el desarrollo de la
competencia
mundial, etc. Los cambios de táctica
de la burguesía y el paso de
ésta del método de la
violencia al de las supuestas concesiones
son, por lo mismo, consustánciales de los últimos cincuenta
años
de historia de todos los países europeos, con la
particularidad de
que, en determinados períodos,
unos países prefieren un método y
otros otro. Por
ejemplo, Inglaterra era en los años 60 y 70 del
siglo
XIX el país clásico de la política burguesa "liberal".
Alemania, en las décadas del 70 y el 80, aplicaba el
método de la
violencia, etc.
Cuando en Alemania
imperaba el método de la
violencia, la repercusión unilateral de
este sistema
de gobierno burgués fue un incremento del
anarcosindicalismo, o, como lo llamaban entonces,
del anarquismo en
el movimiento obrero ("los
jóvenes" al principio de la
década del 90286, Johann
Most a comienzos de la del 80). Cuando en
1890 se
produjo el viraje hacia las "concesiones", éste
resultó ser, como siempre, más peligroso aún para
el movimiento
obrero, originando una repercusión
igualmente unilateral del
"reformismo" burgués: el
oportunismo en el movimiento
obrero. "La
finalidad positiva, real, de la política liberal
de la
burguesía –dice Panneckoek- es desorientar a los
obreros,
sembrar la escisión en sus filas,
transformar su política en un
apéndice impotente de
la política de supuestas reformas, política
siempre
impotente y efímera".
La burguesía logra a
menudo sus objetivos para
cierto tiempo mediante una política
"liberal" que,
como indica con razón Panneckoek, es una
política
"más astuta". Parte de los obreros y de sus
representantes se deja engañar a veces por las
aparentes
concesiones. Los revisionistas declaran
"anticuada" la
doctrina de la lucha de las clases o
comienzan a aplicar una
política que, de hecho,
significa una renuncia a la lucha de clase.
Los
zigzags de la táctica burguesa dan lugar a que se
afiance el
revisionismo en el movimiento obrero y
hacen a menudo que las
discrepancias en su seno se
transformen en escisión manifiesta.
Todas las causas de ese
género promueven
divergencias de táctica en el movimiento obrero,
en
el medio proletario. Pero entre el proletariado y los
sectores
de la pequeña burguesía próximos a él,
incluido el campesinado,
no hay ni puede haber
ninguna muralla china. Se entiende que el paso
de
algunos individuos, grupos y sectores de la pequeña
burguesía
a las filas del proletariado no puede
menos de originar, por su
parte, cambios en la
táctica de éste.
La experiencia del
movimiento obrero de los
diversos países ayuda a comprender, con
ejemplos
concretos de la práctica, el fondo de la táctica
marxista, contribuyendo a que otros países más
jóvenes sepan
distinguir con mayor claridad la
verdadera significación clasista
de las desviaciones
del marxismo y puedan combatirlas con mayor
éxito.
V.I. Lenin,Artículo
publicado el 16 de diciembre de 1910, en el
núm. 1 de "Zviezdá".
T. 20, págs. 62-69.
V.I. Lenin,Obras
Completas. Ed. Cartago, Buenos Aires,1970, t. 16. págs. 344-351
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