Ni el viento Ni las mareas Los han traído Que ha sido el calor De modernos artificios De hipermercados opulentos De sueños nuevos En lenguas Ajenas Que El viento Y las mareas Y nuestras lenguas Nunca más le sean ajenas
Despertó la mañana, una mañana de las que anuncian el fin del verano. Calurosa, húmeda y a la vez gris, premonitoria de un otoño de desasosiegos y angustias. Una libra de vino y par de yemas frescas, dos cucharadas de azúcar, un café fuerte y la escarcha de cada día en el pecho, energético y fugaz desayuno para enfrentar otro día. Desde los llanos rasurados llegó el aroma cansino de la paja seca, por la solana bajaron los vencejos anunciando viento y por la umbría los riscos supuraron las ultimas gotas del llanto nocturno. Arrojo la cuchara con desden sobre la mesa anunciando el hastío de quien ha devorado casi todo sin llegar a saciarse. ¿Quizás sea la señal del fin? ¿Acaso un nuevo principio? Ventana al otro lado
Operarios en labores de sangrado previas al despiece. En Isla, pese a la creciente escalada de fenómenos adversos y por consiguiente el mal tiempo, hace ya varias lunas que los hidroaviones extranjeros consiguen amerizar con éxito en la bahía de La Baja, cerca de Villa Dunas. Cientos de ellos llenan los hostales y posadas atraídos por la insular gastronomía. El desarrollo de la industria cárnica local, pionera en el aprovechamiento integral de cadáveres humanos para la alimentación, pasó en su momento de ser vital para el auto abastecimiento a constituir el motor de la economía de Isla al sustituir el sol y la playa como atractivo reclamo de visitantes foráneos. El aumento exponencial de la demanda se resolvió en un primer momento con la autorización al matadero local para sacrificar a todo individuo adulto incapacitado para el trabajo, con agotadas facultades reproductivas o condenados por alterar el orden establecido. Además es aprovechado todo el material h...
Era Jacinto hombre de talle grande, un hombre hecho para trabajar el campo, lo cual no quita para que desde tempana edad cosechara fama de gandul. Con siete años recién cumplidos, fue por primera y última vez a la escuela, y las primeras palabras de la maestra le cayeron como un jarro de agua fría: Buenos días mis queridos niños, estamos de enhorabuena hoy. Comenzamos un nuevo curso y además este año nos acompaña Jacinto, que finalmente, ha aceptado estar con nosotros. Vosotros ya conocéis las primeras letras y a él le espera un duro trabajo para ponerse a vuestra altura. Es por ello que os solicito vuestra colaboración, la cual será felizmente recompensada. A Jacinto darle la bienvenida e indicarle que el camino está lleno de obstáculos que con tesón, esfuerzo y mucho trabajo serán salvados sin dificultad. 1 Todo esto lo recitó Doña Pilar casi sin tomar aliento. Lo que asustó más a Jacinto que el contenido del discurso, pues lo único que alcanzó a comprender fue...
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