Despertó la mañana, una mañana de las que anuncian el fin del verano. Calurosa, húmeda y a la vez gris, premonitoria de un otoño de desasosiegos y angustias. Una libra de vino y par de yemas frescas, dos cucharadas de azúcar, un café fuerte y la escarcha de cada día en el pecho, energético y fugaz desayuno para enfrentar otro día. Desde los llanos rasurados llegó el aroma cansino de la paja seca, por la solana bajaron los vencejos anunciando viento y por la umbría los riscos supuraron las ultimas gotas del llanto nocturno. Arrojo la cuchara con desden sobre la mesa anunciando el hastío de quien ha devorado casi todo sin llegar a saciarse. ¿Quizás sea la señal del fin? ¿Acaso un nuevo principio? Ventana al otro lado
Me agobian las lejanas miradas, Las ausencias de sonrisas. Me agobian los mal pagados sonetos, Los reproches sin alivio. Me agobian los descansados cuerpos, Las efímeras ventanas del silencio. Me agobian las nubes en las mentes, Los decadentes efluvios de amor. Me agobian las tupidas mañanas, Los mandatos contra el día. Me agobian los papeles en la hierba, Las corruptas brisas de la civilización. Me agobian las cómodas posturas, Los labios apoyados en los dedos. Me agobian los sordos y los ciegos, Los estómagos de sandeces repletos. Me agobian las composturas buenas, La opulencia de modernas damiselas. Me agobian los toques de brujería, La proporcional santidad de los curas. Me agobian los vociferantes deseos, Los arrastrados elogios de pureza. Me agobian los rizos en las lenguas, Los asfaltos y los cementos con jirones de luz. Me agobian los cuerpos mutilados, Los atrofiados pensamientos de los dandis. Me agobian los espejos ante mí, Las descuidadas muestra...
Ayer, revolviendo papeles, encontré el borrador de uno de mis estúpidos cuentos (todos lo son) escrito en el reverso de un rojo y triste extracto del banco. Lo habitual es separar el papel y dejarlo por cualquier parte a la espera de una próxima limpieza, en esta ocasión lo releí pausadamente hasta activar en mi memoria el recuerdo de las complacientes palabras de Gabriel Losada después de una apresurada lectura del mismo. - Chacho, estás hecho un Juan Rulfo con estos microrrelatos oníricos Gotas de limón sobre la herida de mi vanidad fue tal recuerdo. Losada, preñador de letras y hombre conspicuo donde los haya no podía equivocarse, sencillamente descargaba su ironía. Haciendo acopio de las tesis de Jung y de métodos freudianos ponía de manifiesto mis conflictos de personalidad surgidos la noche que me soñé amamantando a mi madre. El recuerdo de las palabras de mi amigo constataba que mis estúpidas FRIKis...
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