Despertó la mañana, una mañana de las que anuncian el fin del verano. Calurosa, húmeda y a la vez gris, premonitoria de un otoño de desasosiegos y angustias. Una libra de vino y par de yemas frescas, dos cucharadas de azúcar, un café fuerte y la escarcha de cada día en el pecho, energético y fugaz desayuno para enfrentar otro día. Desde los llanos rasurados llegó el aroma cansino de la paja seca, por la solana bajaron los vencejos anunciando viento y por la umbría los riscos supuraron las ultimas gotas del llanto nocturno. Arrojo la cuchara con desden sobre la mesa anunciando el hastío de quien ha devorado casi todo sin llegar a saciarse. ¿Quizás sea la señal del fin? ¿Acaso un nuevo principio? Ventana al otro lado
Operarios en labores de sangrado previas al despiece. En Isla, pese a la creciente escalada de fenómenos adversos y por consiguiente el mal tiempo, hace ya varias lunas que los hidroaviones extranjeros consiguen amerizar con éxito en la bahía de La Baja, cerca de Villa Dunas. Cientos de ellos llenan los hostales y posadas atraídos por la insular gastronomía. El desarrollo de la industria cárnica local, pionera en el aprovechamiento integral de cadáveres humanos para la alimentación, pasó en su momento de ser vital para el auto abastecimiento a constituir el motor de la economía de Isla al sustituir el sol y la playa como atractivo reclamo de visitantes foráneos. El aumento exponencial de la demanda se resolvió en un primer momento con la autorización al matadero local para sacrificar a todo individuo adulto incapacitado para el trabajo, con agotadas facultades reproductivas o condenados por alterar el orden establecido. Además es aprovechado todo el material h...
Me agobian las lejanas miradas, Las ausencias de sonrisas. Me agobian los mal pagados sonetos, Los reproches sin alivio. Me agobian los descansados cuerpos, Las efímeras ventanas del silencio. Me agobian las nubes en las mentes, Los decadentes efluvios de amor. Me agobian las tupidas mañanas, Los mandatos contra el día. Me agobian los papeles en la hierba, Las corruptas brisas de la civilización. Me agobian las cómodas posturas, Los labios apoyados en los dedos. Me agobian los sordos y los ciegos, Los estómagos de sandeces repletos. Me agobian las composturas buenas, La opulencia de modernas damiselas. Me agobian los toques de brujería, La proporcional santidad de los curas. Me agobian los vociferantes deseos, Los arrastrados elogios de pureza. Me agobian los rizos en las lenguas, Los asfaltos y los cementos con jirones de luz. Me agobian los cuerpos mutilados, Los atrofiados pensamientos de los dandis. Me agobian los espejos ante mí, Las descuidadas muestra...
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